Un estudio genético aviva el debate sobre el origen y la expansión de las lenguas indoeuropeas en Europa

Posted on 02/03/2015 por

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Nota de Prensa

– Hace unos 4500 años se produjo una gran migración de poblaciones kurgánicas –cultura yamna– desde la estepa rusa hacia el centro de Europa, lo que habría favorecido la expansión de las lenguas indoeuropeas por el continente.

– Los datos indican que las poblaciones europeas actuales no proceden sólo de las primeras sociedades cazadoras-recolectoras y de las poblaciones llegadas durante la expansión del Neolítico desde Próximo Oriente.

– En torno a un 25% de la población actual de la Península Ibérica parece tener sus raíces genéticas en estas poblaciones kurgánicas del este de Europa.
UAB-Nature-MigracioLlengues
Los procesos migratorios permiten a los científicos defender o no las teorías lingüísticas y arqueológicas sobre la dispersión de las lenguas y las culturas materiales a lo largo de la historia. En el caso de Europa, uno de los enigmas que tratan de resolver es el origen de la lengua ancestral protoindoeuropea (PIE), considerada fuente de la mayoría de las lenguas que hablamos hoy en día en Europa, Asia y América.

Frente a la hipótesis de Anatolia, que defiende que la difusión del PIE se produjo hace unos 8500 años, cuando los primeros agricultores procedentes del Próximo Oriente –actual Turquía– lo introdujeron al establecerse en Europa, se sitúa la hipótesis de la estepa, que propone que lo expandieron los pastores nómadas de las grandes praderas del norte de los mares Negro y Caspio, y que se expandió por Europa después de la invención de los vehículos rodados, hace entre 6000 y 5000 años.

Ahora, un equipo internacional de investigadores ha realizado un estudio genético que respalda esta segunda hipótesis, identificando una migración masiva de los pastores de la cultura yamna de la estepa norpóntica –Rusia, Ucrania y Moldavia– hacia Europa que habría favorecido la expansión de al menos algunas de las lenguas indoeuropeas por el continente.

Igualmente, los datos obtenidos indican, al contrario de la visión dominante de las últimas décadas, que las poblaciones europeas actuales no proceden sólo de las primeras sociedades cazadoras-recolectoras y de las poblaciones llegadas durante la expansión del neolítico desde el Próximo Oriente.

La investigación muestra que las poblaciones del Este y del Oeste de Europa siguieron trayectorias diferentes hace entre 8.000 y 5.000 años, y que no entraron en contacto hasta hace unos 4.500 años, cuando poblaciones del Este de Europa asociadas a la cultura de la cerámica cordada se establecieron en gran parte de Europa Central. Estas poblaciones han resultado ser genéticamente muy parecidas a los individuos enterrados en los kurganes del norte del mar Negro –Rusia y Ucrania actual-, y muy diferentes de las poblaciones paleolíticas y neolíticas de Europa occidental.

Los investigadores han observado que el linaje de los individuos de las tumbas de la cultura de la cerámica cordada excavadas en Alemania tiene más de un 75% en común con el de las poblaciones yamna. Esto sugiere que se produjo una migración masiva de hombres y mujeres de las sociedades de pastores de la estepa norpóntica hacia Europa Central. Este vínculo genético persiste en todas las muestras de Europa Central hasta hace 3.000 años –fecha hasta la cual se tienen datos de ADN antiguo–, y todavía se encuentra en los europeos actuales. Mientras que en el norte y el centro de Europa representa en torno al 50% del pool genético actual, en la Península Ibérica se situaría en torno al 25%.

“A pesar de que los estudios de ADN antiguo no informan sobre la lengua hablada por los individuos prehistóricos analizados, la magnitud del movimiento migratorio habría implicado también un cambio idiomático. Si, tal como indican los datos genéticos, estas poblaciones persistieron, tuvieron que contribuir a la formación de los idiomas indoeuropeos que se hablan actualmente en Europa”, explica Roberto Risch, investigador que ha participado en el estudio.

El estudio constata también que antes de la migración de los pastores yamna, los primeros agricultores europeos de Hungría, Alemania y la península Ibérica eran genéticamente muy homogéneos, y que las sociedades más primitivas de cazadores-recolectores que vivían en Europa no desaparecieron inmediatamente, sino que aún resurgieron genéticamente hace entre 5.000 y 6.000 años. Por su parte, en este mismo período los pastores yamna descendían de los cazadores-recolectores precedentes del Este de Europa y de una población ancestral del Próximo Oriente.

El trabajo, que ha sido liderado por los genetistas Wolfgang Haak de la Universidad de Adelaida (Australia), Kurt Alt de la Universidad de Maguncia (Alemania) y David Reich y Losif Lazaridis, de la Harvard Medical School de Boston, supone el estudio genético más amplio realizado hasta ahora.

Los investigadores han estudiado el genoma antiguo de 69 individuos eurasiáticos de una antigüedad de entre 8.000 y 3.000 años, y han utilizado nuevas técnicas sobre las posiciones claves del DNA nuclear, lo que les ha permitido estudiar el doble de muestras de DNA nuclear antiguo de Europa y Asia que las reportadas en estudios previos, y hacer estimaciones precisas de la proporción de mezcla genética de los individuos. Añadir a esta base de datos los resultados ya publicados de otros 25 individuos les ha permitido modelizar estadísticamente la proximidad genética de 94 hombres y mujeres prehistóricos.

Investigación futura: la Península Ibérica
El estudio no revela el origen preciso del PIE, ni tampoco el impacto de estas migraciones kurgánicas en las diferentes partes de Europa. En el caso de la península Ibérica, queda sobre todo determinar la filiación genética de las poblaciones de la Edad del Cobre y del Bronce (hace entre 5.000-3.000 años).

El grupo de investigación Arqueoecología Social Mediterránea (ASOME) del Departmento de Prehistoria de la UAB está colaborando estrechamente con este grupo de trabajo internacional en esta dirección.

“En particular, cabe determinar la ubicación en el mapa paleogenético de Europa de una de las sociedades prehistóricas más singulares, como es la de El Argar. Se trata de la primera sociedad de tipo estatal y con metalurgia especializada de Europa occidental, formada hace 4.200 años en el sudeste de la península Ibérica”, señala Roberto Risch.

Implicaciones históricas de los resultados genéticos en Europa Occidental
En la elaboración de este estudio ha desempeñado un importante papel el trabajo realizado durante las últimas décadas por los investigadores de ASOME de la UAB sobre la formación de las primeras sociedades de tipo proto-estatal y estatal de Europa occidental.

En los últimos decenios ha prevalecido la idea de un incremento de las desigualdades sociales entre finales del Neolítico y la Edad del Bronce (hace entre 5.500 y 4.000 años), que habría sido resultado de un proceso gradual y, en gran medida, pacífico. Sin embargo, algunos especialistas –entre ellos, Roberto Risch–, han llamado la atención sobre el hecho de que, en esa época, en el Cáucaso y las estepas norpónticas estaban teniendo lugar cambios económicos y políticos decisivos. Además de ciertas innovaciones tecnológicas, como la invención de la rueda y la producción de herramientas y armas de bronce más eficaces, se observa un cambio en los rituales funerarios. Ahora las tumbas pasan a ser individuales, y las diferencias en el tratamiento ritual de hombres y mujeres son cada vez más marcadas. Los ajuares funerarios más ricos, formados por herramientas, armas especializadas y adornos de metal, están concentrados en un grupo reducido de tumbas masculinas. La vinculación entre individuos de sexo masculino, poder y metalurgia se da incluso en las regiones que no disponen de recursos mineros, y se subraya en el ritual funerario mediante la colocación de crisoles y yunques junto al cuerpo del difunto. Este ritual funerario, que pretende destacar unas diferencias sexuales y económicas basadas en el control de la tecnología y los medios para ejercer la violencia, es precisamente el que comienza a introducirse en Europa central y occidental desde el Cáucaso y las estepas rusas hace unos 5.000 años.

“Los datos que se publican ahora sugieren que los cambios de ese momento no se produjeron sólo por la transmisión de conceptos y conocimientos, sino también por la expansión de poblaciones con una relaciones de parentesco patriarcales, un tipo de armamento y unas estructuras de poder desconocidas entre las comunidades neolíticas de Europa occidental”, concluye Roberto Risch.

Artículo: Massive migration from the steppe is a source for Indo-European languages in Europe. Nature. DOI 10.1038/nature14317

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